La psicomotricidad relacional

La psicomotricidad relacional es un dispositivo pensado para favorecer el desarrollo evolutivo integral del niño/a con alegría y entusiasmo, en una relación vinculante con el psicomotricista y con sus compañeros. El juego es el hilo conductor de sus actividades exploratorias y creativas durante la sesión. Las normas mínimas de “no hacerse daño ni romper cosas” favorecen una experiencia lúdica de libertad responsable.

La distribución de los diferentes espacios de la sala permiten su desarrollo fisiológico, emocional y pedagógico, al explorar los diferentes materiales ajustándolos a sus necesidades y deseos de juego:

  • Espacio Neurofisiológico y neuropsicològico con los materiales duros, que le obligan a cogerse con tota su fuerza para después soltarse mientras observamos cómo pone a prueba la fortaleza de todos sus músculos con pasión por conseguir su objetivo: caer hasta la colchoneta en una marco de total seguridad, la caída al vacío, jugando con el vértigo, percibiendo en él su propio cuerpo, la gravedad del suelo, combatiendo los miedos propios de la caída, con el impacto corporal de choque con el suelo, donde toda la tonicidad se pone a prueba de manera impactante. El balanceo, el estado de suspensión en el aire, el salto, los equilibrios y desequilibrios, son vivencias corporales de segurización que ayudan al niño a fortalecer su control y dominio corporal.
  • Espacio del Juego simbólico: el juego con los materiales blandos permite favorecer la representación de sus fantasías dando forma al material de manera simbólica, realizando cualquier escenificación imaginaria, simbólicamente importante para él/ella. Con la incorporación de pelotas de diferentes medidas, cuerdas, muñecos, peluches, ropa, cocinitas y materiales que ayudan a ejercitar la motricidad fina como engarces, o vestiditos para muñecos, desarrollan una actividad con gran amplitud de motricidad fina a la vez que dan forma a su imaginación e imaginario psicológico.
  • Espacio de la construcción o representación: el tercer espacio tiene que ver con la escuela, la transcripción gráfica sobre la pizarra, el papel, o utilización de materiales como barro, plastilina, pintura… La construcción con pequeños materiales de madera o plástico sin formas precisas, ayudan a hacer pequeñas casitas o espacios imaginarios done se ponen a prueba las capacidades espaciales que más tarde, si quieren, pueden pasar al papel iniciando una tarea de representación gráfica que después puede retomar en el aula o con la familia si quieren participar de las actividades del niño/a.

La gran posibilidad de disfrutar es el hilo conector de la sesión, aspecto fácilmente observable si hay niños/as que no se implican en el juego, o no llegan a conectar con los otros, o no pueden realizar producciones propias. Todos estos aspectos permiten inferir un cierto sufrimiento emocional, ya que no poder disfrutar a estas edades es un gran indicador. Por otra parte, acompañarlo/a en el juego nos facilita una observación más próxima y también la posibilidad de ayudarle y estimular aquellas áreas más afectadas.

La psicomotricidad relacional tiene tres ámbitos de intervención:

  • Preventiva con niños niños/as pequeños/as, para favorecer su evolución.
  • Reeducativa para potenciar la relación entre diferentes niños/as en pequeño grupo con ciertas patologías diferentes: caracterial, pedagógica, discapacidad…, donde la experimentación y la relación con los compañeros/as pueda ayudar a desarrollar aspectos de la personalidad, de sus habilidades y de su creatividad.
  • Terapéutica, done se trabaja individualmente con niños que pueden tener patologías diversas, en una relación exclusiva con el psicomotricista, adaptándose a su problemática psicológica, motriz o cognitiva.

Según los objetivos del grupo, el número de niños y su composición, las familias pueden formar parte del grupo participando con sus hijos cuando psicológica y terapéuticamente se cree recomendable.

“Cuando un niño se siente respetado y en un clima de confianza, puede expresar su imaginario y sus emociones sin miedo a ser juzgado”.

Bernard Aucouturier – La Práctica Psicomotriz