El feminismo será interseccional o no será

8 de marzo de 2019. Millones de mujeres vuelven a tomar las calles en lo que luego la prensa definirá como una jornada histórica en la que el feminismo se hace notar. Sin embargo, ¿este es el feminismo que realmente queremos?

Manifestaciones por todo el territorio. Personas de todas las edades. España en las televisiones de todo el mundo como un país que chilla muy fuerte. El mundo nos mira. Sin embargo, si vamos a las manifestaciones, si miramos los principales rostros que quieren representar este movimiento, nos daremos cuenta de que, en verdad, no estamos siendo partícipes de un feminismo interseccional. Las caras más visibles son mujeres cis (sexo y género coinciden), blancas, burguesas, occidentales y, en su mayoría, heterosexuales. Las consignas y los eslóganes de las manifestaciones estaban llenos de frases transfobas (“polla violadora, a la licuadora” o “estamos hasta los ovarios de tantos cojones”) y, en su mayoría, había pocas mujeres racializadas, con discapacidad funcional (las consignas como “boti, boti, boti, masclista qui no boti” tampoco son de gran ayuda para poder incluir a estas personas).

Aunque muchas otras consignas y eslóganes sí que forman parte del feminismo que queremos, estas nos dejaron un mal sabor de boca ya que no representan, ni por asomo, a un feminismo interseccional, haciendo que las personas no normativas se sientan incómodas al ir a sitios así o, incluso, pueden llegar a sufrir agresiones por parte de las manifestantes. Las mujeres que no son cis, las mujeres que no son heteros, las mujeres que no son blancas, las que no son de occidente, las que tienen discapacidad funcional, las no binarias. Todas y cada una de ellas salieron descontentas de una jornada en la que se les prometía tener voz, ser escuchadas.

Este no es el feminismo que nos representa, este no es el feminismo que queremos. Queremos un feminismo que evolucione, que nos acepte a cada una tal y como somos, que no tengamos que cambiar nuestra manera de ser porque no se ajusta a la norma. Queremos un feminismo que cambie la norma, que la destruya. Un feminismo en el que todas tengamos cabida. Un feminismo que nos una porque, al fin y al cabo, todas somos mujeres oprimidas de una manera u otra, hermanas unidas por un sentimiento que destruye fronteras, aliadas en un movimiento que nos liberará de nuestras cadenas. Entonces, ¿por qué crearnos otras nuevas?

Ni el color, ni la clase, ni el género, ni la diferencia lesbiana pueden constituir por separado la identidad ni ser la base de una política de transformación radical.

Miriam Solá (2013) – Transfeminismos: epistemes, fricciones y flujos