Mobile World Congress… ¿y nada más?

Esta semana, en Barcelona, se ha celebrado una edición más del Mobile World Congress.

Allí se han expuesto los últimos avances en dispositivos móviles. El móvil, constituye hoy en día una parte esencial de nuestra vida, una parte esencial de nuestro YO. Con el móvil nos despertamos, consultamos cualquier información, compramos, vendemos… vivimos sin necesidad de vivir. El móvil es el dispositivo donde está nuestra vida, nuestras comunicaciones por mail, nuestras conversaciones con amigos y pareja a través de whatsapps, nuestros contactos profesionales por Linkedin, nuestras historias en Instagram, nuestro estado de ánimo en Facebook, incluso nuestra sexualidad… Acceder a nuestro móvil es acceder a nosotros, a nuestra vida, a nuestros secretos, a nuestra intimidad.

Y junto con la evolución tecnológica de los móviles, avanza también la evolución tecnológica en sistemas de control de nuestro móvil y, en consecuencia, en sistemas de control de nuestra vida y de nosotros mismos. Esto, que ya es grave de por sí, se convierte en un auténtico peligro en situaciones de violencia de género.

El intento de control es el primer paso de la violencia de género, que se desencadena cuando la controlada quiere dejar de serlo. El fácil y cómodo acceso a las nuevas tecnologías favorece y genera conductas de dominio.

El desarrollo desmesurado de nuestra vida on line va en detrimento de nuestra vida off line, y en ella, a falta de otras habilidades no desarrolladas, los comportamientos agresivos se convierten en una herramienta para resolver conflictos.

Numerosos estudios permiten afirmar, sin ningún género de dudas, que el acoso virtual produce mayores daños psicológicos que el acoso tradicional. Nuestra sociedad, y el Mobile World Congress es muestra de ello, cabalga en la hiper dimensión del mundo virtual. En el mundo del derecho debemos estar preparados para dar respuestas a las situaciones delictivas que ello conlleva. En este sentido, desde la doctrina jurídica ya podemos hablar claramente de la CIBERVIOLENCIA DE GÉNERO: dado que las relaciones afectivas pueden llegar a producirse sin contacto real (face to face) ya no va a ser requisito en la comisión de delitos de violencia de género la convivencia entre víctima y agresor. La relación es ya una ciber relación.

Los derechos fundamentales de cualquier ciudadano a la intimidad y al secreto de las comunicaciones y cómo la LEY ha de limitar el uso de las nuevas tecnologías para garantizar el honor y la intimidad personal y familiar de los ciudadanos TAMBIÉN MERECEN SU CONGRESO.

Instalar cámaras (que podemos comprar de forma lícita por menos de 30 euros) en el hogar, instalar un GPS en el coche de nuestra pareja o instalar en su móvil un programa espía (también de muy fácil y lícito acceso —no el uso que se hace de él—) que nos reproduzca en el nuestro TODO lo que pasa en el móvil de nuestra pareja (contraseñas, llamadas, whatsapps, Instagram, claves secretas) son actos constitutivos de delito. No debemos olvidarlo.

Junto al Mobile World Congress, Barcelona debería convertirse también en referente de la lucha contra los delitos cometidos utilizando dispositivos tecnológicos y redes sociales. Si no lo conseguimos corremos el peligro de construir una metrópolis sostenida en un tecnocentrismo que aparque los principios humanistas que han guiado el desarrollo de los derechos civiles y de las libertades.

En las redes sociales se crean seis perfiles falsos o duplicados por segundo. Colgamos en nuestros perfiles lo que queremos ser o demostrar y no lo que somos en realidad.

Marc Masip – Experto en adicción a las nuevas tecnologías