Educación en tiempos de confinamiento – 3. El triángulo del saber pedagógico de Houssaye

Cuando en 1988 Jean Houssaye propone su triángulo para definir el espacio a través del cual se produce la transmisión del saber en la tarea pedagógica, pone de relieve, sobretodo, que lo más significativo de este triángulo es el espacio en blanco que aparece en el interior de esta figura geométrica.

Descripción: C:\Users\Andres\Desktop\Triángulo.jpg

Pero vayamos poco a poco. De los tres vértices del triángulo, el SABER está colocado en la parte superior, como si de una realidad objetiva se tratara que el docente y el estudiante deben alcanzar a través de tres tipos de relaciones: la didáctica, la pedagógica y la del aprendizaje. Cuando Houssaye dibuja este triángulo pone de manifiesto toda una tradición del saber pedagógico que se remonta a la antigua Grecia.

Atenas. Siglo V a.C. En la antigua polis griega una serie de pensadores empiezan a desempeñar una tarea con los jóvenes con el objetivo de formar a los futuros ciudadanos y gobernantes de la ciudad. El más conocido de todos ellos fue Sócrates. Michel Foucault en la Historia de la sexualidad, explica con detalle cómo los maestros elegían a sus discípulos acudiendo a los gimnasios de la ciudad y cómo en la relación entre el erastés (maestro) y el erómenos (estudiante) se establecía una relación que iba más allá del aprendizaje de la gimnasia, la oratoria, la geometría, las matemáticas y la filosofía. Lo más relevante para el tema que nos ocupa es apuntar que el espacio en blanco del triángulo de Houssaye era el dispositivo dialógico que activaba Sócrates en sus clases para construir conjuntamente con los alumnos una forma de comprensión del mundo en el que vivían. Más allá de ese diálogo no podía existir el saber pedagógico.

Cuando Platón pone por escrito esas clases del maestro las titula, no podía ser de otra manera, los Diálogos. En esta relación dialógica el erastés y el erómenos juegan un papel más importante que el del saber y, por tanto, deberíamos colocarlos en la parte superior del triángulo de Houssaye. Platón instituye en el año 338 a.C. la Academia, el lugar donde el saber y la práctica pedagógica formularán toda una práctica social y política que ayudaría a construir la gran Atenas de Pericles.

Un apunte. Sócrates fue condenado a  muerte por corrupción de menores. Sí, la pedagogía debería llevar inscrita siempre esa voluntad demoníaca de pervertir a los jóvenes para aniquilar estructuras políticas y sociales corruptas y nocivas para el conjunto de los ciudadanos. La corrupción de los adolescentes atenienses es ese gran espacio en blanco de Houssaye en el que se hace posible la transmisión del conocimiento.

Discípulo de Platón fue el gran Aristóteles que fundó el Liceo. El maestro de Alejandro Magno introdujo en la παιδεία griega la práctica del paseo como estrategia para el aprendizaje. A esta escuela la conocemos como la escuela peripatética en la que las cuatro paredes de la antigua Academia constreñían de alguna manera la experiencia del saber. En el paseo, en el ejercicio psicomotriz del caminar las estructuras neuronales encargadas del movimiento activan otras zonas del cerebro asociadas, por ejemplo, al aprendizaje del lenguaje.

El triunfo del Cristianismo como estructura de organización política, social y económica durante toda la Edad Media, reformuló el triángulo del saber pedagógico. El Saber estaba íntimamente ligado al que se derivaba del Dios cristiano y de la lectura de la Biblia. El mediador entre este saber y el estudiante era el sacerdote y la lengua a través de la cual se podía acceder al saber era el latín. Esta reformulación supuso la apropiación del saber por parte de la Iglesia católica (patente todavía en las grandes instituciones educativas de nuestro país) y puso una barrera para el acceso al conocimiento que era el dominio del latín que imposibilitaba a la mayor parte de la población al acceso al conocimiento. Las grandes obras del saber medieval se guardaban celosamente en los monasterios como si del Santo Grial se tratara.

Un invento diabólico, como la παιδεία de Sócrates, fue la imprenta de Guttemberg que en el siglo XV que permitió la difusión del saber que fue acompañado por la traducción a las lenguas románicas de los textos en latín. De esta forma la estructura del saber dejó de ser propiedad exclusiva de la Iglesia, su centro de pensamiento dejaron de ser únicamente Dios y las escrituras sagradas y empezó a universalizarse una nueva forma de relación con el conocimiento.

Ya nos podemos hacer algunas preguntas. ¿El joven ateniense que recibía clases en la Academia aprendía de la misma forma que el paseante de la escuela peripatética o que el estudiante de la escuela medieval y lector de la Biblia? La respuesta es evidente: No. Pero lo que nos interesa aquí es apuntar que el SABER al que accedían cada uno de estos tres aprendices no es un lugar único y compartido sino que este SABER surge de la práctica pedagógica misma sobre la que se construye la educación.

Estos tres grandes movimientos históricos sobre los que se sostiene la historia de la pedagogía nos indican que Michel Foucault acertó cuando propuso que el SABER no es una realidad de carácter ontológico que está más allá de las fronteras de lo humano. El saber es, sobretodo, una estructura del poder. ¿Quién lo detenta? ¿Qué ciudadanos tienen acceso a él? ¿Qué instituciones se encargan de difundirlo? ¿Qué sistema pedagógíco y educativo permite el acceso al conocimiento? ¿Cuáles son las prácticas de relación pedagógica, de aprendizaje y didácticas sobre las que se construye esta relación con el saber? El espacio en blanco del triángulo de Houssaye es para Foucault una estructura de poder.

La escuela-fábrica surgida de la Revolución industrial construyó grandes instituciones a las que acudían cada vez más alumnos hasta que la educación llegó a universalizare. Ya lo decíamos en nuestro primer artículo. La escuela-fábrica es el modelo de formación en la Edad Contemporánea para producir a los futuros trabajadores y consumidores del sistema capitalista. La organización espacio temporal de la escuela es idéntica, ya lo hemos visto, a la de la fábrica. El saber, como si fueran las diferentes partes de la cadena de producción, fue diseccionado en diferentes materias que se dispusieron en el sistema educativo como asignaturas independientes impartidas por profesores especializados en ellas y en las que la relación entre, por ejemplo, la literatura y la biología no formaban parte de la comprensión del saber pedagógico.

Hoy ya sabemos que el cerebro humano aprende de forma global, transversalmente y que construye estructuras neuronales dependiendo de cómo el saber pedagógico diseñe la relación triangular entre saber – docente – estudiante.

En estos cuatro grandes movimientos históricos hay un principio que ha atravesado el desarrollo de la pedagogía y es que el erastés-sacerdote-maestro-profesor era el detentor de una parte del saber y el encargado de mostrárselo a sus estudiantes.

El confinamiento nos ha enseñado de forma abrupta que la relación triangular que habían establecido los docentes con el saber y con sus estudiantes se ha resituado topológicamente. ¿Dónde está el saber en este momento? Toda relación pedagógica como estructura de relación social entre dos sujetos (como mínimo) se ha desarrollado en lugares concretos: la Academoia, el Liceo, el Monasterio, la Escuela medieval o la Escuela fábrica. Y estas instituciones han modelado y dado forma al saber. También lo han hecho, claro, las prácticas que se han llevado a cabo en estas instituciones.

La escuela-fábrica ha sido dinamitada, sus aulas están vacías y llevamos casi dos meses en el que el silencio habita cada uno de sus días. ¿Dónde se ha resituado por tanto el saber? ¿Y qué la ha pasado al triángulo pedagógico de Houssaye? ¿Cómo se está reformulando el docente? ¿Qué pasa cuando el sujeto estudiante se ha convertido en sujeto-pantalla, como apuntábamos en el artículo anterior?

Todavía no lo sabemos. Pero hay algunos pensadores que nos proponen algunas respuestas.

Byung-Chul Han en su ensayo La sociedad del cansancio reflexiona alrededor de dos conceptos: el sujeto de obediencia y el sujeto de rendimiento. El sujeto de obediencia es el modelo de la sociedad industrial. Un sujeto que recibe órdenes en la familia, en la escuela, en la fábrica, del Estado, de las fuerzas del orden y de las estructuras simbólicas (religiosas, éticas, morales…). Este sujeto tiene como gran línea de fuga la desobediencia a esas órdenes cuando las considera injustas, abusivas o discriminatorias.

El sujeto de rendimiento es una nueva forma de estar-en-el-mundo que surge de la transformación del mundo con la llegada de la tecnología digital. Al sujeto de rendimiento se le delega la responsabilidad absoluta de todas sus decisiones: ¿cuánto tiempo trabajo?, ¿cuánto tiempo estudio?, ¿cuánto esfuerzo quiero dedicar? La flexibilidad de los horarios laborales, de los currícula académicos, de los horarios comerciales o de las formas de consumir han llegado a nosotros gracias a la liquidez propia de los espacios digitales y virtuales. El sujeto de rendimiento ya no recibe órdenes sino que se autoimpone a sí mismo un régimen disciplinario que antes estaba en manos de, en nuestros caso particular, la escuela-fábrica. Y como sujeto de rendimiento, la autoimposición de un código de reglas y de resultados es una forma de ser-en-el-mundo que permanece latente 24 horas al día, 7 días a la semana. Traspasa el tiempo y el espacio físico de la escuela-fábrica y te acompaña permanentemente como órgano corporal (tercer-brazo-móvil) recordándote permanentemente tus obligaciones y conectándote a tiempo completo con las tareas académicas o las responsabilidades laborales.

Por lo que respecta al triángulo de Houssaye, la tecnología digital ha colocado el saber en un lugar que es un no-lugar: internet. Y este lugar determina de forma profunda y definitiva las características de este nuevo saber definido por la partícula Hiper: hiper-información, hiper-comunicación, hiper-consumo, hiper-exposición (a través de las redes sociales).

El saber digital dinamita el triángulo de Houssaye y deberíamos proponer una nueva figura geométrica y por tanto un nuevo estado de relación entre los agentes. En esta nueva disposición geométrica del saber pedagógico el papel del docente se desdibuja en tanto que se le cesa como antiguo detentor del saber. El estudiante deviene sujeto activo de rendimiento convirtiéndose en el responsable de cómo organizar sus horarios de trabajo en el espacio doméstico alejándose del estricto horario ordenador de las clases que se suceden una detrás de otra. El estudiante trabaja en un entorno nuevo, el doméstico, que lo sitúa en una realidad desigual respecto a sus otros compañeros. El estudiante, liberado del orden disciplinario del aula de la escuela-fábrica, puede trabajar con los dispositivos digitales que él decide tener activados mientras desarrolla sus prácticas educativas. Desarrollando lo que ya conocemos como multistaking.

Voy a poner un ejemplo que es ya una realidad consolidada de la pedagogía del saber digital. En el Institut Obert de Catalunya los estudiantes pueden optar al título de GES (Título de Educación Superior Obligatoria) a través de la conexión virtual con un aplicativo en el que encuentran todos los materiales didácticos, audiovisuales de aprendizaje y las actividades de evaluación online que deben realizar. No existen horarios, no hay clases online y la relación entre el profesor y el estudiante se remite a breves comunicaciones a través de mails. El profesor se convierte en un mero corrector de los ejercicios que las aplicaciones no pueden corregir automáticamente. Sólo hay una regla que cumplirá: la entrega de los ejercicios en una fecha determinada. La organización del tiempo, de la metodología de estudio o del espacio para el trabajo académico son responsabilidad completa del estudiante.

Del artículo de este blog titulado Infancias 5G quiero recuperar este párrafo: “De lo que somos conscientes desde que Neil Postman publicara La desaparición de la infancia en el año 1982, es que la infancia la inventamos con la imprenta y empezó a morir con la llegada de la televisión. Con la invención de Guttemberg los secretos de los adultos quedaban resguardados de los niños gracias a la incapacidad de leer de estos últimos y a su paulatino y largo aprendizaje en la interpretación de los textos. La invasión de la imagen que se instaló en cada uno de nuestros hogares a través de los televisores empezó a difuminar la frontera entre el mundo adulto y el infantil. La lectura de las imágenes no requería años de esfuerzo y aprendizaje, era inmediata y abría las puertas del mundo adulto a niños y jóvenes de muy temprana edad.”

La imprenta da paso a la tecnología digital y con ella tenemos que acostumbrarnos a su hiperproducción, a su hipervelocidad y a su hiperluminosidad. Todos los estudiantes tienen todo el saber a su alcance. Y ese saber es un campo abierto, sin vallas, que no está restringido ni por la geolocalización del estudiante ni por su nivel de desarrollo cognitivo o psicosocial. Los estudiantes pueden acceder a los mismos contenidos visuales que los adultos (hablaremos del consumo de pornografía en el siguiente artículo).  Los docentes han desaparecido de su mundo físico y la comunicación dialógica de la antigua Academia platónica se quedó confinada en las actuales aulas desocupadas.

Esta realidad nos puede ayudar a entender cómo se puede llegar a vislumbrar el horizonte del saber pedagógico en la sociedad digital y cómo los roles del docente y del estudiante van a cambiar radicalmente. La tecnología digital nos ha arrebatado las riendas de la educación a los docentes y en estos días de confinamiento el caballo cabalga salvaje entre las pantallas individuales, privadas y domésticas a las que estamos hiper-conectados mientras el pan que hemos aprendido a elaborar con nuestras manos se está cociendo en el horno, los vecinos aplauden en los balcones y el mensajero de Globo llama al interfono.

“Imagina unos hombres en una habitación subterránea en forma de caverna con una gran abertura del lado de la luz. Se encuentran en ella desde su niñez, sujetos por cadenas que les inmovilizan las piernas y el cuello, de tal manera que no pueden ni cambiar de sitio ni volver la cabeza, y no ven más que lo que está delante de ellos. La luz les viene de un fuego encendido a una cierta distancia detrás de ellos sobre una eminencia del terreno.”

El mito de la  caverna –  Platón