Educación en tiempos de confinamiento – 2. Performatear el cerebro digital

Los últimos estudios de neurobiología ya nos han enseñado que la relación entre un individuo y su entorno configura las estructuras neuronales y, por tanto, performatea su cerebro. Louann Brizendine  en dos de sus libros (El cerebro masculino y El cerebro femenino) explica cómo durante las ocho primeras semanas de gestación del feto todos somos del mismo género y que la descarga de testosterona o de estrógenos que se produce después de este periodo configura lo que ella denomina el cerebro masculino o el cerebro femenino. La epigenética  también ha empezado a confirmar que el entorno de los individuos tiene tanta relevancia en sus vidas que modifica ciertas estructuras del ADN.

La primera ciencia que se ha visto afectada por los descubrimientos en neurobiología ha sido, obviamente, la pedagogía. Muchos neurobiólogos (David Bueno entre ellos) han redirigido sus investigaciones a pensar las prácticas óptimas de aprendizaje en las diferentes etapas del desarrollo del cerebro humano. Una de las conclusiones más difundidas es que el cerebro humano actual se sostiene sobre tres grandes estructuras: el cerero reptiliano, el cerebro límbico y el neocórtex. Y que de estas tres estructuras la más importante es el cerebro límbico que gestiona las emociones y que, en contra de lo pensábamos hace poco más de una década, el neocórtex, que controla el pensamiento racional y cuyo desarrollo nos diferenciaba como especie, juega un papel menos importante en cuestiones fundamentales como la toma de decisiones o la forma en cómo aprendemos.

La llegada de la revolución digital, ya lo hemos apuntado en el artículo anterior, no consiste únicamente en incorporar en la escuela-fábrica los dispositivos digitales (ordenadores o pizarras digitales) sino que construye una nueva forma de pensar y, por tanto, precisa de nuevas prácticas de enseñanza/aprendizaje. La educación digital está todavía por llegar porque la escuela-fábrica y las prácticas que llevan a cabo sus docentes se resisten a la transformación educativa. La escuela digital lo que propone es una transformación profunda del saber y de su difusión.

El saber analógico da paso al saber digital. ¿Tenemos un ejemplo para poder entender lo que presupone esta transformación? Sí. Tenemos uno que creo que es especialmente esclarecedor. Finlandia, en el año 2016 decide sustituir el aprendizaje de lo que ellos denominan la Kaunokirjoitus (escritura caligráfica simplificada) por la asignatura de mecanografía. La caligrafía de letra ligada suponía un gran esfuerzo de tiempo en los procesos de aprendizaje de la escritura en las escuelas de educación infantil y primaria en la escuela-fábrica. La escritura mecanográfica es la escritura propia de la escuela digital. Y este cambio performatea de forma clara las estructuras de aprendizaje de la lecto-escriptura y sus estructuras neuronales asociadas.

El aprendizaje de la escritura caligráfica es una experiencia de aprendizaje analógica estrechamente ligada a la relación espacio temporal de cada grafía en la que el movimiento corporal se manifiesta de forma muy diferente a cuando presionamos el teclado de un ordenador. El movimiento para la escritura de la grafía a es muy diferente del de la grafía f, mientras que el tecleado de la a y el de la f son operaciones completamente iguales. Para la elaboración de un texto, cuestiones como el subrayado, la tipología o el color de la letra necesitan de la misma operación que la del tecleado de cualquier letra del alfabeto. No así el de la escritura analógica.

Ya sabemos cuáles son algunas consecuencias de la escritura digital. La velocidad asociada a este tipo de escritura supone en las diferentes formas de comunicación entre los adolescentes la supresión de letras, el aumento de las faltas de ortografía o la sustitución de palabras y frases por emoticones. La forma de escritura implica una forma de relación con el saber y con la estrategia de aprendizaje y, por tanto, con la estructura neuronal asociada a este ámbito. Los dispositivos que traducen la voz humana en escritura apuntan ya a un nuevo horizonte de consecuencias inabarcables en las estructuras cerebrales en desarrollo de los menores.

Ya tenemos datos importantes respecto a las diferencias entre la lectura sobre papel y la lectura sobre pantallas. El destello de la luz de los ordenadores y el formato de relación digital con el texto es profundamente diferente a la relación que se establece con la lectura sobre papel. Muchos alumnos deciden imprimir sus lecciones en papel para poder memorizar el contenido y alcanzar una optimización en sus resultados en los exámenes. La planitud de la pantalla de luz se contrapone a la profundidad del texto sobre papel y establece una relación con el lector completamente diferente en el que la comprensión del texto queda suspendida en alguna de sus fases para proponer una relación más superficial. Incluso en la lectura de un texto de una extensa longitud muchos individuos manifiestan no haber leído algunos de sus contenidos. Nos pasa habitualmente en la lectura de nuestros mails.

La neurobiología nos ha proporcionado también una comprensión más global respecto al funcionamiento del cerebro humano, en el que las áreas especializadas en el desarrollo del lenguaje como la Circunvolución angular, el Área de Broca o el Área de Wernicke delegarían parte de sus funciones a otras áreas del cerebro, entendiendo así que cualquier habilidad humana está vinculada a diferentes estructuras neuronales repartidas por toda la superficie cerebral. Unos descubrimientos que nos ayudan a entender al cerebro humano más como la idea de una mente: una superestructura que se piensa a sí misma de forma global y se reorganiza y se recompone constantemente a lo largo de nuestra vida como si de una inteligencia artificial se tratara.

Otro de los procesos psicológicos básicos en el aprendizaje es el desarrollo de la capacidad memorística, denostada desde hace ya mucho tiempo en  las actuales pedagogías. ¿Para qué dedicar tanto esfuerzo y tiempo a la memorización de datos sin en nuestro tercer-brazo-móvil hemos desplazado esta habilidad en lo que se conoce ya como memoria Google? A través de un dispositivo de reconocimiento de voz, el gran buscador digital nos proporciona infinidad de datos sobre aquello de lo que precisemos información. Y lo hace con mucha más precisión que cualquier cerebro humano.

El aprendizaje de nuestros actuales sistemas educativos es un aprendizaje profundamente social en el que la interacción directa entre el docente y el alumno y entre el alumno y sus compañeros se configura como el contexto de esa comunicación. El confinamiento sostenido sobre el principio axiomático del distanciamiento social ha obligado a desarrollar prácticas de aprendizaje no entre sujetos sino entre sujetos-pantalla, la modalidad propia de la escuela digital.

Cuando René Magritte pintó en 1929 Ceci n´est pas une pipe (Esto no es una pipa) clausuró la voluntad mimética del arte respecto al mundo. De la misma forma que el cuadro de Magritte no es una pipa sino la representación pictórica de una pipa, el sujeto-pantalla no es un sujeto sino la representación digital de un sujeto. Su cuerpo ha sido traducido a pixels (sin olor, sin calor, sin tacto) y su voz metálica entrecortada a veces por la velocidad de conexión nos acerca al sonido de la comunicación entre robots.

Byung-Chul Han propone en su ensayo La sociedad de la transparencia cómo la implementación de la tecnología digital supone la eliminación paulatina de la profundidad interior del sujeto que tiene como consecuencia final la eliminación del sujeto mismo. Un sujeto sin profundidad deviene otra forma de ser-en-el-mundo. La transparencia del sujeto-pantalla imposibilita esa necesaria profundidad para la construcción del sujeto que se convierte en una subjetividad tecnológica y las relaciones humanas pasan a estar mediadas definitivamente por dispositivos digitales. La pregunta entonces es: ¿es posible una relación de enseñanza/aprendizaje significativa que no esté mediada por la interacción social sino por la digital?

El confinamiento es ya una situación en la que el performateo del cerebro es de gran intensidad. La plasticidad neuronal característica de los cerebros infantiles ya ha traído consigo que algunos menores se hayan adaptado con mucha facilidad y rapidez a esta nueva situación de distanciamiento social y muchos de ellos ya han mostrado resistencia a aprovechar los primeros protocolos de salida al exterior. Con la transformación que trae consigo la revolución digital ya está pasando lo mismo. El saber digital y sus dispositivos ya han empezado a construir nuevas redes neuronales.

El cerebro digital que la nueva tecnología ya está diseñando nos lleva irremediablemente a la condición post-humana en la que el órgano central de nuestro sistema nervioso no sólo depende profundamente de dispositivos digitales sino que externaliza algunas de sus habilidades en esos dispositivos que son capaces de almacenar una cantidad ingente de datos, funcionar a una velocidad y permitir modelos de comunicación que superan la condición humana.

“Ese aprendizaje imposible: morir solo ante una pantalla. Ver morir al otro en una pantalla. Simulacro de una muerte real. El duelo suspendido. Duelo sin abrazo, sin manos apretando manos, sin sudor, sin caricias, sin olor, sin frío. […] La pantalla como instrumento de una narrativa sin sujeto.”

Pantalla – Isabel Coixet