Educación en tiempos de confinamiento – 1. De la escuela-fábrica a la escuela digital

El día 12 de marzo en todas las escuelas de Cataluña se recibió la orden de suspender las clases y de cerrar todos los centros educativos hasta nueva orden. La expansión de una pandemia a escala mundial obligaba a los dirigentes políticos a confinar a toda la población española con el objetivo de frenar la infección por el virus COVID-19, popularmente conocido como Coronavirus.

Queremos dedicar cuatro artículos que reflexionen alrededor de las consecuencias de carácter educativo que este confinamiento ha puesto sobre la mesa como una agenda de primer orden en la transformación de nuestro sistema educativo. Esta serie de artículos pretende recopilar una serie de apuntes para entender el gran reto pedagógico al que nos enfrentamos.

El decreto que ha obligado a vaciar las escuelas ha dado una vuelta de tuerca significativa al fin de lo que conocemos como la escuela construida en la sociedad industrial. Una escuela que siguió el modelo de organización propio de la fábrica: una cantidad ingente de estudiantes se dirigen a un mismo centro, entran a la misma hora, son clasificados en diferentes lugares/aula según sus edades, se les designan una serie de tareas a hacer en unos horarios pautados y reglados que se suceden de forma intermitente, el sonido de un timbre marca los cambios de actividad, las pausas y la salida de la escuela-fábrica, durante seis horas cada alumno-obrero permanece fijo en su asiento desempeñando sus tareas y acabada la jornada académico-laboral se abren de nuevo las puertas para permitir el descanso.

La escuela-fábrica tiene como objetivo instruir a los futuros trabajadores del sistema productivo  para desempeñar la tarea diaria de permanecer fijo en un puesto determinado, repitiendo la misma operación una y otra vez. La retribución salarial se substituye por las evaluaciones del rendimiento académico. 

Este modelo hace más de una década que está en entredicho. La crisis económica a nivel global del 2008 nos colocó en nuestros horizontes vitales una idea imposible de asumir para los hijos de la sociedad industrial: el fin de la idea del trabajo. En algunos parlamentos europeos ya se habían propuesto leyes que promulgaban lo que conocemos como renta mínima vitalicia. Una retribución económica que se asignaría a todos los ciudadanos de un estado desde su nacimiento hasta su muerte. En el parlamento suizo se planteó que esa renta mínima alcanzara los 2.000 euros mensuales aproximadamente. El homo-faber surgido de las entrañas de la fábrica deviene, según las propias palabras de Johan Huizinga en su obra Ensayo sobre la función social del juego, en homo-ludens. Un sujeto que substituye la prioridad vital del trabajo por el del ocio y la diversión.

¿Qué función desempeña, entonces, la escuela-fábrica en su voluntad de instruir y formar a los nuevos trabajadores? La escuela-fábrica cuyo uno de sus objetivos es poner en marcha el sistema de producción de los futuros obreros-trabajadores, ¿qué sentido tiene si el trabajo, como concepto fundamental de la sociedad industrial, va a ser transformado de forma radical o incluso, quizás, llegue a desparecer?

El sistema educativo español intentó adaptarse a la irrupción de la tecnología digital incorporando en las prácticas de enseñanza/aprendizaje las TIC (Tecnologías de la Información y de la Comunicación). Pero la escuela-fábrica en un ejercicio casi de resistencia ante esta revolución vertiginosa se limitó a incorporar en sus instalaciones los dispositivos tecnológicos de la nueva era: ordenadores, wifi, tablets, pizarras y libros digitales. Sin embargo, ése no era el reto que proponía la revolución digital. Lo que Carl Sagan bautizó como la gran tercera ola de la historia de la humanidad llevaba consigo una propuesta mucho más arriesgada: cambiar la forma de pensamiento, de producción, de relación con el mundo, con los otros y con nosotros mismos. El saber digital performatea el acceso al conocimiento de tal forma que, y lo veremos en los próximos artículos, construye nuevas redes neuronales conformando así una nueva estructura cerebral.

El currículum escolar, las prácticas educativas llevadas a cabo en las aulas, la distribución por edades de los alumnos, la formación de los docentes y los principios éticos, morales, económicos, sociales y políticos sobre los que todavía se sostiene la actual escuela-fábrica se han convertido ya en obsoletos en este tiempo de confinamiento.

La escuela-digital a la que estamos irremediablemente abocados tiene que incorporar en sus prácticas de enseñanza/aprendizaje lo que el saber digital trae consigo. Y casi nada de la lógica interna de la escuela-fábrica nos sirve para construir ese nuevo modelo de escuela.

La escuela-fábrica construida sobre los cimientos de los principios humanistas surgidos en el Renacimiento empieza a dar sus últimos coletazos sobre la escena. La humanidad, de la misma forma que fue capaz de resituar la perspectiva teocentrista del mundo para pensarse a sí misma desde un habitar el mundo antropocéntrico, está llamada a repensarse esta vez desde el pensar tecnocéntrico.

Algunos filósofos están planteando ya la transición de la especia humana a un nuevo modelo de individuo que incorpore en su cuerpo dispositivos digitales que optimicen sus capacidades locomotoras, sensoriales y cognitivas. El hombre-cyborg se ha anticipado ya en ese tercer-brazo-máquina que es el móvil y en el que hemos empezado a deslocalizar algunas capacidades como la memorística en lo que se denomina ya como memoria Google: dispositivos de almacenamiento de datos al alcance de todos nosotros en pocos segundos.

El Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB) en el año 2015 organizó la exposición +Humanos, una reflexión alrededor de la condición humana y la posibilidad de transitar hacia un post-humanismo que nos transforme como especie.

Barcelona es la sede mundial de la Transpecies Society, una organización que reflexiona y experimenta sobre el propio cuerpo humano con la implementación de la tecnología digital que ayude a transitar al ser humano hacia el sujeto cyborg. Ya sumergidos desde hace años en lo que apenas podemos nombrar como una forma de post-humanismo.

La escuela-fábrica ha sido desocupada de sus estudiantes-obreros y los timbres han dejado de sonar. Y su desocupación ha sido motivada por la necesidad perentoria de establecer en la población el distanciamiento social y la inmunidad. Dos de los grandes principios ontológicos sobre los que se construirá el nuevo mundo. El distanciamiento social ya se había instalado en cierta medida en nuestras vidas a través de las redes sociales y el principio de inmunidad ya transformó nuestra forma de practicar la sexualidad en la década de los 80 con la irrupción de otro virus: el VIH (Virus de la Inmunodeficiencia Humana)

Y ésta es la otra gran vuelta de tuerca. La escuela-fábrica no permite el distanciamiento social sino que fomenta la proximidad entre las personas para optimizar el espacio físico y proporcionar de esta forma el derecho universal a la educación para todos los ciudadanos.

Y la inmunidad no es una de las propiedades de la escuela-fábrica y sí en cambio la de la escuela-digital que a través del sujeto-pantalla asegura la imposibilidad del contagio. Si, como bien apunta en su obra Roberto Espósito (Comunidad, inmunidad y biopolítca), comunidad e inmunidad son categorías conceptualmente antinómicas, lo que conocemos como comunidad educativa que comparte un mismo espacio físico durante muchas horas imposibilitaría la inmunidad.

La escuela-fábrica ha sido torpedeada por un organismo invisible y su desocupación opera como un dispositivo simbólico que nos ofrece un horizonte incierto en el que el fin de toda una época ha anunciado ya definitivamente su último acto.

“Nuestra segunda vida presente en los universos digitales, la comida genéticamente codificada, las prótesis de nueva generación y las tecnologías reproductivas son los aspectos ya familiares de la condición posthumana. Todo esto ha borrado las fronteras entre aquello que es humano y aquello que no lo es, poniendo en evidencia la base no naturalista de la humanidad contemporánea.”

Lo posthumano – Rosi Braidotti