Buenos propósitos

Todo el mundo tiene buenos propósitos. Todo el mundo cree y confía en que las cosas le pueden ir mejor si se esfuerza en alcanzar unos objetivos que le permitan sentirse satisfecho con uno mismo. ¿Pero de qué objetivos estamos hablando? ¿Puede un sueño convertirse en frustración?

La teoría de la motivación nos dice que al generar una expectativa, contemplamos dos posibles futuros según nuestra experiencia vital:

Si alcanzamos las metas que nos marcamos con éxito, nos sentimos de maravilla y aumenta nuestra autoestima haciéndonos sentir orgullosos de nosotros mismos. La verdad es que sienta muy bien lograr ser quien te propones ser. Pero no alcanzarla produce una sensación de fracaso que según la expectativa generada puede llegar a ser devastador y asestar un golpe que probablemente no será definitivo, aunque el miedo acaba por apoderarse de uno.

Por eso es tan importante definir muy bien la expectativa.

Así que si este año nuevo, como cada año, insistes en realizar buenos propósitos, piensa hasta qué punto puedes asumir lograrlos a corto, medio o largo plazo. Porque aprender a temporizar ayuda a generar expectativas más o menos reales. El tiempo siempre es importante cuando hablamos de aprender a vivir.

Y tengo la percepción de que a día de hoy, el tiempo ha perdido su valor. ¿Soy yo o todo pasa cada vez más rápido?

La tecnología y su obsesión por hacernos la vida más fácil, se apodera de nuestro tiempo como los terribles hombres grises de “Momo” (novela de Michael Ende que todo el mundo debería leer), dejándonos solos ante el peligro que supone vivir en una sociedad que necesita urgentemente detenerse y contemplar que los valores humanos se construyen con amor y sobretodo, sin prisas.

Las nuevas generaciones, en cuestión de relativamente poco tiempo, quedarán obsoletas para las generaciones futuras. Así que intentar estar al corriente de todo es imposible.

Existe una sensación de estar constantemente perdiéndose cosas. El que no lo sabe todo, no sabe nada. Y esto tiene unas repercusiones terribles sobretodo en cuanto a generar una opinión o tomar una decisión: ya no nos fiamos de nuestra intuición. Tal vez deberíamos estar más pendientes de lo que nos ocurre por dentro que por fuera y aprender a decir lo siento sin pedir perdón. Porque sólo cuando sientes, comprendes qué emoción está guiando tus pasos en este huracán llamado mundo. A uno no le enseñan a auto conocerse, sino que se aprende a base de escucharse.

Las emociones son pura química. Una droga que nos regala el cuerpo de forma natural que debemos gestionar para no acabar siendo esclavos de nuestras decisiones. Como con todas las drogas.

Por eso creo que los buenos propósitos deben ser coherentes con lo que sentimos y pensamos y no con aquello que se espera de nosotros. La pregunta que deberíamos hacernos es qué esperamos de nosotros mismos y para ello hay que resolver la pregunta fundamental de la existencia humana: ¿qué hago aquí?

Construye despacio, no te precipites y sobretodo, confía en tu intuición. Porque solo tú sabes lo que es mejor para ti.

“Porque cada hombre tiene su propio tiempo y sólo mientras siga siendo  suyo se mantiene vivo”
Michael Ende –  Momo