Los santos inocentes

Hoy es 28 de diciembre, y, como todos los años, el calendario cristiano nos recuerda que éste no es un día para bromas. Lo que celebramos es la orden de Herodes de matar a todos los bebés menores de dos años en la provincia romana de Judea con el objetivo de asesinar al anunciado Mesías. El profeta Jeremías había anunciado además el gran baño de sangre: «Un clamor se ha oído en Ramá, mucho llanto y lamento: es Raquel que llora a sus hijos, y no quiere consolarse, porque ya no existen.»

Herodes quería poner fin con este multitudinario sacrificio a los futuros desórdenes políticos, sociales y económicos que supondría la llegada de una nueva teología que hiciera temblar los cimientos de la gran civilización romana. Él no fue el primero en inaugurar una de las atrocidades que han acompañado la historia de la humanidad: el sacrificio de los más inocentes (bebés, niños y adolescentes) como estrategia para la perpetuación de la paz social.

La civilización minoica (3100-1050 a.C.) ya había establecido como relato simbólico de su dominio económico y político en el Mediterráneo oriental, el sacrificio cada año de 14 vírgenes atenienses que serían entregados a las fauces del Minotauro, esa criatura que asolaba la isla encerrado en un laberinto. Yannis Varoufakis relee de esta forma el gran mito minoico: la paz social que duró tanto tiempo es los confines del mar que albergó el nacimiento de la civilización occidental se sostenía sobre la crueldad de la muerte de los más débiles.

Herodes y Minotauros en la época moderna encontramos lamentablemente por doquier. La dictadura argentina a través de lo que conocemos como “niños apropiados” se agenció de los recién nacidos de los disidentes presos del régimen y se los entregó a las familias afines a la dictadura. La organización terrorista Boko Haram secuestró a 230 niñas y adolescentes nigerianas abusando sexualmente de ellas, asesinando a algunas y entregando a otras a matrimonios ignominiosos. La Unión Europea, galardonada con el Premio Nobel de la Paz, cierra sus puertos a barcos repletos de migrantes (entre ellos muchos menores) entregándolos así a terribles travesías que en muchos casos han acabado con sus vidas. Donald Trump y su gobierno arranca a los hijos de las manos de sus padres que cruzan la soñada frontera de la civilización americana. El crimen  a menores como dispositivo institucional para el ejercicio del poder.

En el terreno de los crímenes particulares y domésticos, antes de Herodes, en el Antiguo testamento encontramos el sacrificio de Isaac por parte de su propio padre, Abraham, en demostración de su fidelidad a Jehová. En la tragedia griega encontramos a Agamenón sacrificando a su hija Ifigenia para garantizar la buena navegación de las naves aqueas y a Medea asesinando a sus hijos en venganza por el desprecio de su esposo Jasón. Agamenones y Medeas modernos los encontramos, también a diario, en los medios de comunicación.

José Bretón sacrificó a sus hijos y los incineró en su finca Las Quemadillas (Córdoba) en venganza contra su ex – mujer. Alfonso Basterra y Rosario Porto asesinaron lentamente a su hija Assumpta a través de una medicación que la iba sedando y que les permitía extraños juegos domésticos con la niña. Mientras escribo este artículo dos niñas de cinco y seis años de edad han aparecido asesinadas en su domicilio en la localidad de Salitja (Gerona) mientras su madre, momentos después, se suicidaba. La lista de niños víctimas de la violencia de género se nos hace interminable e insoportable.

En el capítulo del sacrificio a través del abuso sexual la historia antigua y moderna se escribe a través de un libro infinito. La iglesia católica lidera como institución el doloroso y vergonzoso ranking en la perpetración de delitos de esta índole. Nombres propios como La Congregación de los Hermanos Maristas y los benedictinos de la Abadía de Montserrat en Cataluña, el cura argentino pederasta Julio Grassi que desde la cárcel en la que está preso con todo lujo de privilegios desafía al Papa o el propio Benedicto XVI que cuando sólo se presentaba al mundo como Joseph Ratzinger instituyó presuntamente todo un dispositivo de ocultación de los abusos sexuales a menores en la institución y protegió a los criminales.

El último escándalo de estructuras pederastas organizadas tiene nombre propio: Rick Epstein. Se le acusó de abusos sexuales a adolescentes durante años amparándose en el gran poder económico de sus empresas y de sus contactos de alto nivel. La lista de presuntos abusadores publicada en los medios de comunicación norteamericanos apuntan desde ex presidentes de la Casa Blanca a miembros de las casas reales europeas. Rick Epstein apareció muerto en extrañas condiciones en una prisión de Manhattan. La muerte como dispositivo de silenciamiento y prescripción de delitos de tal índole.

Pero no olvidemos que en el abuso sexual llevado a cabo en el espacio familiar y doméstico se producen el 80% de este tipo de delitos, cuya mayor parte permanecen en silencio para proteger la paz y el bienestar de la familia. Las estadísticas son escalofriantes: 1 de cada 5 menores ha sufrido algún tipo de abuso sexual en su infancia o adolescencia.

En la Sociedad del espectáculo en la que estamos sumidos, hay dos imágenes que relatan de forma cruda y demasiado explícita este esperpéntico sacrificio de los menores: la fotografía de Kim Phúc, una niña de nueve años que con su cuerpo infantil completamente desnudo huye despavorida del napalm de una bomba lanzada por un avión survietnamita. Y la imagen de la muerte de Aylan Kurdi, que huyendo de la guerra siria aparece ahogado, a orillas del mismo mar testigo de tantas víctimas de la misma edad.

Hoy 28 de diciembre no es día para inocentadas, no es día ni para bromas ni para risas. Hoy 28 de diciembre ha llegado el momento ya de construir un archivo de todas las víctimas de estas historias para construir colectivamente el gran relato de nuestra memoria histórica más oscura y siniestra.

“Herodes entonces, cuando se vio burlado por los magos, se enojó mucho, y mandó a matar a todos los niños menores de dos años que había en Belén y en todos sus alrededores conforme al tiempo que había inquirido de los magos.”

Mateo 2:16