Greta Thunberg

Estocolmo, agosto de 2018. Una joven de 15 años se manifiesta sola delante del parlamento sueco con un cártel en el que se lee: SKOLSTREJK FÖR KLIMATET (Huelga escolar para el clima). Su mirada, sus gestos, su forma de hablar no nos resultan familiares. ¿Cómo una adolescente puede manifestarse ella sola durante días con un cartel que anuncia una lucha que creíamos todavía aplazada en el tiempo y que las nuevas generaciones no sentían como suya? No era la primera vez que esta joven, de nombre Greta Thunberg, tomaba decisiones así de radicales.

En el año 2011, cuando Greta contaba apenas ocho años, escuchó por primera vez qué era el cambio climático y las consecuencias que estaban ya perjudicando la vida del planeta y la de los humanos. Tres años más tarde cayó en una depresión y dejó de hablar y de comer. El diagnóstico psiquiátrico parecía que condenaba a Greta por partida triple: Síndrome de Asperger, Trastorno obsesivo-compulsivo (TOC) y mutismo selectivo.

La persistencia de Greta por continuar sola con su protesta empezó a recoger sus frutos y cada vez más estudiantes, primero suecos y después de todas partes del mundo, construyeron lo que hoy conocemos como Fridays for future. Un movimiento global, una revolución liderada por adolescentes y jóvenes que se ha convertido en una de las piedras angulares de lo que ya conocemos como cambio de paradigma.

Cuando Greta se colocó por primera vez con su pancarta delante del parlamento sueco estaba anunciándonos que la Sociedad Industrial, esa sociedad que nació de la explotación de las riquezas minerales del planeta (primero el carbón y después el petróleo), esa sociedad que construyó la idea de capitalismo sin límites, que animó al consumismo más exacerbado y a la producción industrial a gran escala ya no era la sociedad de una generación nacida en los albores del siglo XXI.

El espacio de la cordura que la sociedad industrial había limitado con precisión ha sido definitivamente dinamitado por esta figura emergente. Atrás quedan los manicomios donde se internaban a los anormales (con palabras del propio Michel Foucault), difuminada queda la frontera entre los cuerdos y los locos y la salud mental se erige como una de las necesidades fundamentales para el bienestar del ser humano en la sociedad actual. El 15% de la población que vive en los países más desarrollados sufre algún tipo de trastorno psicológico.

Esta revolución juvenil no está vinculada a los derechos laborales, ni a los derechos de las minorías, ni siquiera a la protesta por la pobreza que todavía viven muchos millones de seres humanos en todo el planeta. Ésas eran luchas propias de la sociedad industrial.

Greta también anuncia con su discurso adolescente y cargado de rabia que el antropocentrismo que ayudó a construir un nuevo mundo con la revolución del Renacimiento, cambia su centro de gravedad y desplaza al ser humano para colocar al planeta y al ecosistema como base de pensamiento para todas las acciones humanas. La generación Fridays for future pone fin al Antropoceno para abrir las puertas al Geoceno.

Muchos movimientos revolucionarios actuales han incorporado en sus discursos esta idea de desplazamiento teórico. El feminismo así lo ha empezado a hacer. En textos como los de Paul B. Preciado o Judith Butler lo podemos apreciar con claridad. La sociedad heteropatriarcal ha perjudicado mucho, también, al planeta.

Greta se ha convertido en un fenómeno al estilo de las grandes estrellas pop. En esta sociedad del espectáculo anunciada por Guy de Bord, la exposición mediática de Greta como líder del movimiento ha llegado a convertirse en un acontecimiento en sí mismo. Como lo fue Malala Yousafzai en su lucha por la dignidad de las adolescentes afganas en contra de la tiranía talibán.

Y finalmente, Greta trae inscrito en su propio cuerpo, como un libro abierto para toda la humanidad, que el trastorno mental no sólo ha venido a quedarse a vivir entre nosotros quitándose la máscara de la vergüenza, sino que puede formar parte activa de las transformaciones sociales, puede ayudar a construir nuevas realidades y puede dotar a una niña de 8 años que deja de hablar y de comer de una conciencia nueva que nos ayude a transformar nuestras vidas, nuestro mundo y nuestra concepción de la salud mental.

 “¿Ustedes vienen a nosotros, los jóvenes, en busca de esperanza? Me han robado mi infancia y mis sueños con sus palabras vacías. ¿Cómo se atreven?. Sólo voy a decirles que mi Asperger me ayuda a no creer en mentiras”

Greta Thunberg – Cumbre del Clima en Naciones Unidas