Estudiar más allá de los 65

En el año 1960 la esperanza de vida en España se situaba en una media de 69,1 años. En el 2019 se sitúa en los 83,4. La pregunta surge de inmediato: ¿qué hacer a partir de la jubilación? ¿Cómo gestionar un nuevo tiempo para mejorar nuestro bienestar general?

Hemos querido buscar algunas respuestas entrevistando a Gregorio Hernández, un ciudadano que decidió volver a la dinámica académica y a los libros cuando acabó su trayectoria profesional.

En la España en la que nació usted los tiempos eran complicados y duros…
Inconsciente, tiempos de plomo.

¿Y usted estudió en la universidad?
Me costó, pero lo conseguí.

¿Era difícil en aquella época y en su entorno tener estudios universitarios?
Más que ahora. Sí, pero era mi objetivo.

¿Cuál es el mejor recuerdo que guarda de esa etapa universitaria?
Recoger los aprobados, justos, pero aprobados.

¿Y el peor?
El agotamiento, todos los fines de semana estudiando.

¿Podría resumir brevemente cuál ha sido su carrera profesional?
Ser polivalente, ser rápido y valiente en las decisiones.

¿Su trabajo le llevó a conocer algunos países?
Desde los 20 cada año mis vacaciones eran en un país diferente.  La empresa lo sabía y aprovechó esta predisposición. Al trabajar en un país, permite conocerlo mejor.

Y cuando llegó la jubilación usted se puso a estudiar… griego.
Sí, soy muy torpe para los idiomas, pero mi pasión me ayudó a superar mis limitaciones.

¿Qué es lo que más aprecia de esta lengua?
Es una sensación curiosa descubrir que las palabras no pueden ser traducidas directamente. Los vocablos de cada lengua definen su forma de ver y sentir lo que les rodea.

Veo que en su biblioteca el libro más repetido es la Odisea…en varios idiomas.
Incluso en castellano, en muchas traducciones diferentes… Todavía no soy capaz de leerla en griego.

¿Qué fue primero, su amor por Grecia o por la Odisea?
Primero fue la Ilíada, luego fue toda Grecia y finalmente descubrí el verdadero contenido de la Odisea. Ya no son los dioses, es el hombre enfrentado al mundo y a sí mismo.

Y después de estudiar griego usted decidió volver a la escuela a estudiar…
Hay tantas cosas por hacer y tantas por aprender…

¿Cómo se relaciona usted con los alumnos jóvenes, los temidos millenials, o ellos con usted?
Muy bien, es tanta la diferencia de edad, que desaparecen las distancias, claro que yo muestro un respeto absoluto a su mundo.

¿Y la relación con los profesores? ¿También son más jóvenes que usted?
Todos, no hay profesores de más de 65 años. Respeto y prudencia.

¿Valora positivamente haber vuelto a los libros y al hábito académico?
Yo diría volver a los exámenes. El examen es la prueba de fuego.

¿Lo recomendaría?
Sí, mucho. Estudie para que le examinen. Es la prueba de que estás en forma.

¿Cuál ha sido su último viaje?
Grecia, concretamente a Creta. Ya la conocía y pude comprobar cómo ha cambiado la gente, cómo han cambiado mis inquietudes y cómo ha cambiado mi percepción.

Me permite una última pregunta. ¿Cómo establece usted su relación personal con su pasado, con su presente y con su futuro?
Mi pasado llena mi mochila, mi experiencia. Mi presente está ocupado al 100 %, sin prisa, pero sin pausa. Descanso lo que me pide el cuerpo, para poder hacer todo lo que me pide la mente. En el futuro hay proyectos realizables, dejando espacio para proyectos que aún han de engendrarse. Me planteo más cosas de las que puedo realizar, pero no me preocupan las que hoy no finalizo. Si es buena…quizás el mes que viene o quizás el año que viene acabará materializándose.

“Mientras los maderos estén sujetos por las clavijas, seguiré aquí y sufriré los males que haya de padecer, y luego que las olas deshagan la balsa me pondré a nadar, pues no se me ocurre nada más provechoso.”

Homero – La Odisea