La decisión de Sophie, tres estados de la sinrazón

Para acabar esta primera temporada de artículos de nuestro blog: una película. Como preludio para unas vacaciones en las que volver a recuperar las fuerzas perdidas.

Alan J. Pakula estrena en el año 1982 La decisión de Sophie, la versión cinematográfica de la novela homónima de William Styron. Una película que pone en activo tres estados de la ensoñación, tres estados de la sinrazón que operan como dispositivos activos para la vida y también para la muerte.

Sophie, a través de su abandono corporal, nos devuelve a la memoria las pesadillas más terribles del pasado donde el hombre europeo dispuso la maquinaria más terrible para la autodestrucción de sí mismo. Las heridas abiertas de Sophie son la manifestación del trauma de millones de europeos que fueron víctimas del holocausto y cuyas cicatrices permanecen simbólicamente en la memoria de los ciudadanos del viejo continente. Sophie es la Historia, en mayúsculas, como un estado de ensoñación del que es difícil siempre despertar del todo.

Nathan transita entre el mundo real y el ficticio, en un ir y venir de verdades a medias, mentiras piadosas e invenciones mágicas que alegran los días y las noches de la convivencia de los tres protagonistas. Nathan es el Teatro, actúa como un auténtico daimon que domina la escena y los estados de ánimo de Sophie y de Stingo. Nathan, durante toda la película, permanece escondido detrás de múltiples máscaras tanto para sus compañeros de piso como para los espectadores. Nathan es también el diagnóstico clínico, no importa cuál, porque la sinrazón de Nathan es el Eros que mantiene viva la casa donde habitan también Stingo y Sophie. Nathan se escapa como el agua entre los dedos y vuelve como un huracán batiendo los porticones y quebrando los cristales de las ventanas. Nathan es la vida y también la muerte.

Stingo trae consigo la humildad de los campos de algodón del sur de los Estados Unidos. Ante la soberbia del norte representada por Nathan, ante la belleza aria de Sophie traída de Europa, Stingo sucumbe a un estado de enamoramiento del que es incapaz de liberarse. Stingo trae consigo sus versos, Stingo es la Poesía como estado de la sinrazón para poder nombrar las cosas del mundo a través de otras palabras, a través de la resignificación de los verbos y de los adjetivos.

Los tres dialogan en una misma casa, en un encierro que los perturba y los hace felices al mismo tiempo. Nathan, Sophie y Stingo hablan desde lugares diferentes casi sin escucharse entre ellos, prisioneros de su propio estado de la sinrazón.

Michel Foucault en su magna obra Historia de la locura nos enseña el profundo sentido de la sinrazón, una categoría del pensamiento y de la conciencia humana que formaba parte, en la época clásica, también de la razón. Así que entre lo que hoy entendemos como cordura y locura no había fronteras inquebrantables. Ambas categorías habitaban el mismo espacio, la misma casa que habitan Nathan, Sophie y Stingo, dialogaban de la misma forma que dialogan los protagonistas de la película de Alan J. Pakula. En la era moderna esta cohabitación fue dinamitada con la invención de la clínica, de la psiquitaría, de los grandes internados y con la estigmatización social del trastorno mental. La película de Pakula es una instancia que permite aproximarnos a la idea de sinrazón explicada por Focuault en su obra.

Polonia, la esquizofrenia paranoide, Walt Whitman, la amistad, Auschwitz, el puente de Brooklyn, las granjas frenopáticas, die vernichtung, la cocaína, el sur de los Estados Unidos, Emily Dickinson, el suicidio. Todos habitando en la misma casa. El cine y la vida en mayúsculas.

¡Alimentar el resto de la vida con una hora de locura y libertad!
¡Con una fugaz hora de locura y placer!”.

Walt Whitman